Escribe Juan Oviedo

"Encierro, aislamiento o senderos hacia lo nihil...."

Encierro, aislamiento o senderos hacia lo nihil....

 ¡Quedate en casa!, la publicidad oficial señala eso, y por supuesto, una parafernalia de consejos ¿para qué?, para soportar tal aislar, es curioso, una cultura basado en los demás y pivotando en el afuera, ahora, enfaticen tareas de entretenimiento teniendo por objeto mitigar el sufrimiento que tarde o temprano el aislamiento provocará, y dimensionado por "ese estar consigo" al cual no es posible eludir con ese afuera, pues el afuera ¡exista, pero sin estar! 

Causa risa ver a sujetos de la farándula en general posicionarse referentes, sugiriendo actividades de todo tipo, como una manera solidaria de colaborar, bueno, el hastío a devenir señale a tales "consejos" como mera trivialidad de la liviandad televisiva. 

Cierta condición trágica ronde, porque desafiar fuerzas de las que no se sabe que provocarán es azaroso, ¿cuánto tiempo se tardara en detonar respuestas emotivas tales como desesperación, desasosiego, hastío, o la mismidad embotada por su sí mismo ante el provocar del aislamiento?, he aquí a la interioridad difamándose a sí, y reclamar salir de esa cárcel que significa su sí mismo, maldiciendo no poder olvidarse de sí, algo que solo el afuera provoca, entonces, la tragedia es nuestro enfrentar y padecer lo que somos, pivotando en un estar cuyo trasfondo posiciona nuestra propia nihilidad. 

Y para tal estado de cosas, los mediáticos de siempre como gurúes y los coaching de la interioridad o los charlatanes de la mente, los iluminados de las palabras y ciegos a la experiencia de la que hablan, te dirán, te aconsejarán , te guiarán, acompañando su decir con el acting estereotipado de sonrisas contenedoras, comprensivas y dando a entender que ellos saben de lo que hablan, bueno, mucha ingenuidad debe habitar en aquellos que terminen por creer en esos sujetos habitantes de las Ciencias Sociales. 

Pero hay un segmento en especial que sufrirán tales consecuencias, se trata de los jóvenes, ellos serán las grandes víctimas de todo esto, ¿y por qué?, habituados al mundo exterior, su aislado mundo quede paralizado para las nuevas experiencias y deban a enfrentarse a una realidad donde no se sienten muy a gusto, la del encierro y la del "consigo mismo", y en ese punto, padezcan sin cesar el mundo mental de ideas, recuerdos, deseos, proyectos, ¡qué real es todo eso sin nada de lo mentado puedo realizar! y presos de un ayer con un presente magro y futuro incierto, deban resignarse a todo ello. Resignado, resignación cristiana supo decir el maravilloso Nietzsche. 

¿Veis porque ellos llevan la peor parte?, entonces, para ellos va la siguiente consideración y la forma en que la inicie, los deje perplejos. 

Lo iniciemos con una simple diferencia y es la que existe entre "un recuerdo y una remembranza" , porque esta última aluda al alma, todo joven sabe lo que es un recuerdo pero ¿el remembrar?, en este punto recomiendo la lectura del incomparable Platón. 

Ahora, ¿cómo abordar el alma?, siempre ha sido sospechada de irreal por el abolengo que porta " estar vinculada a lo divino", pero fundamentalmente, porque el alma resida en una interioridad donde hay otras realidades como son las imágenes, símbolos, pensamientos, deseos, proyecciones y hacen de ella una evanescente condición sujeta a las interpretaciones. 

El alma no posee hechos directos ni se halle con un estar concreto, una exegesis es precisa tal como se la ejerció con el decir en los oráculos de la palabra divina, desentrañada en la antigüedad como palabra evanescente y cacofónica en sortilegio puro, el alma, por su venerable preceder, compartió tales sucesos ante el hombre de aquel tiempo, personas rodeadas de incertezas e ignorancia, buscando aferrarse a algo cierto, profundo y distinto a él, o sea, a buscar certeza en el decir de los dioses. Tal preceder atentó en nuestro tiempo con la credulidad hacia el alma. 

Pero hoy, la cuestión es bucear en cada uno ante la exigencia del aislamiento impuesto y preguntarnos seriamente por ella, dejando de lado la interpretación del alma como una construcción epocal, entonces, sea imperativo preguntarnos por ella, por su evanescente realidad, entendiendo al alma no como cosa, sino para centrarnos en las cosas del alma, por ¿cuáles serían esos motivos y objetivos de ella? 

Si lo analogizamos con el deseo, éste posea sus objetos deseados, como puede ser dinero, poder, sensualismo etc., entonces, el alma también conserve un horizonte donde pueda ejercer su naturaleza como tal, ¿cuál o cuáles serían esos objetivos del alma? Lo incorpóreo, lo etéreo, volátil y ligero, tal ser la naturaleza del alma y por ello el eje de su accionar sea lo sutil, pero este mundo es estúpido y cruel, entonces, ¿ qué cosas llamen la atención de este mundo al alma? 

Cuando miras un paisaje y rescatas su belleza, he ahí el alma, cuando el texto dice algo que no dice el texto, de nuevo el ejercer del alma y el amor, solo puede nacer, crecer y residir, ¡el tiempo que sea!, en el alma. 

Lo que te otorga vuelo y te rescata del orbitar terrestre posea un linaje que no es del mundo como los cielos y lo divino, pues la atmósfera, la estratósfera o el mismo espacio no pertenezcan a los cielos, como tampoco en las iglesias, templos y sinagogas habite en ellas lo divino, encerrada pero no en el cuerpo como el venerable Platón señaló, sino en cada terrestre "yo", el alma, no debe ser confundida con eso. 

El yo o eje de la mayor fuerza de gravedad no física ni cósmica, tiene su origen en lo humano, es la fuente de toda centración denominado "si mismo" y laberinto para extraviar a aquellos que buscan el trascender y cegarlos al titilar sublime del actuar del alma. 

El "hacer" del alma esta precedido por su mirar, ¿qué mira el alma?, a los ojos de las personas, y la felicidad, hacerse patente en la tierra por el advenir efímero de la exquisita mediación del alma, porque el alma, no hace a la felicidad sino que es "un medio de aquella", por eso el hacer del alma no está en los hechos concretos, eso pertenece al cuerpo, sino en su mediación para con aquello que no pertenece a la brutalidad del psiquismo, ni de los deseos triviales o los dominios de la ferocidad del poder económico, político, militar y sexual. 

Siempre estuviste solo, el aislamiento te quita cruelmente la ilusión de lo que eres, y en esto del alma, ¡más solo aún! y como dice el título de la película, "Tan lejos, tan cerca". 

Juan Oviedo

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